El Laboratorio Tecnológico del Uruguay (LATU) volvió a abrir las puertas de Espacio Ciencia en mayo, en línea con un calendario que responde a la lógica del sistema educativo y al rol que este centro interactivo busca cumplir desde hace casi tres décadas. En esta reapertura, el foco está puesto en algunas novedades en cuanto a muestras.
Por ejemplo, por primera vez habrá tótems de realidad virtual con información sobre el Espacio Ciencia y distintos datos científicos que permitirán interactuar a los visitantes a través de inteligencia artificial. Todo esto desarrollado por personal de los sistemas de información del propio LATU.
La decisión de volver en mayo está directamente vinculada al perfil de sus visitantes: entre 50.000 y 55.000 personas pasan por el espacio en ese período y cerca del 70% proviene de instituciones educativas. “La apertura coincide con un periodo en el cual se realizan mayormente las visitas didácticas”, dijo a InfoNegocios la jefa de Espacio Ciencia Martha Cambre.
Detrás de la experiencia interactiva hay un modelo que requiere un esfuerzo económico constante por parte del LATU. “Espacio Ciencia cumple un rol social que no es un proyecto financieramente que se autosustente”, afirmó. Si bien se cobra entrada tanto a público general como a grupos escolares, esos ingresos apenas cubren alrededor del 20% del presupuesto anual. A eso se suma que entre un 30% y 35% de los visitantes vinculados a la educación accede sin costo, ya que provienen de contextos vulnerables o de organizaciones sociales.
La estructura operativa también refleja esa lógica. Un equipo base de seis personas trabaja durante todo el año en el diseño y la coordinación de actividades, pero durante la apertura el plantel se expande hasta entre 20 y 25 personas, con la incorporación de guías —estudiantes de carreras científicas y tecnológicas—, personal administrativo y apoyo en mantenimiento.
En ese marco, cada mejora implica decisiones de inversión. Para esta temporada, la principal novedad será la incorporación de un espacio dedicado a la astronomía, una temática que había quedado relegada en el edificio actual. La propuesta incluirá una sala inmersiva con mapping y experiencias con lentes de realidad virtual. “La renovación es un punto importante, pero renovar implica invertir”, señaló Cambre.
La iniciativa demandará una inversión de un monto acotado si se lo compara con el costo de desarrollar un área temática completa, que puede superar los US$ 150.000. “No es que vos vas a venir a Espacio Ciencia y vas a decir ‘cambiaron todo’. Sí va a haber una incorporación nueva, pero no es una renovación total porque los órdenes de inversión son otros”, aclaró.
El desafío, además, no es solo económico. Espacio Ciencia compite con una oferta creciente de entretenimiento, especialmente en determinados momentos del año. Mientras que los sábados entre mayo y agosto reciben en promedio unas 150 personas, el pico de actividad se concentra en las vacaciones de julio, cuando pueden alcanzar hasta 1.000 visitantes en un solo día y entre 10.000 y 12.000 en todo el receso, aunque con variaciones según factores externos, como el climático.
A pesar de esas fluctuaciones, el objetivo de fondo se mantiene inalterado. “Estamos siempre hablando de que queremos ir a un Uruguay innovador”, reflexionó Cambre. Y en ese camino, el rol de este tipo de espacios resulta clave: “Los centros interactivos de ciencia están demostrados en el mundo como factores esenciales para acercar la ciencia y la tecnología, en particular para motivar vocaciones científicas en los más pequeños”.
Desde su creación en 1995, Espacio Ciencia se posicionó como uno de los primeros centros interactivos de América Latina. Tres décadas después, su sostenibilidad sigue dependiendo de una convicción institucional: que invertir en ciencia también es invertir en el futuro.