A casi 20 años de su puesta en marcha, Frigorífico Copayan se prepara para inaugurar un depósito de congelado con capacidad para 2.000 toneladas y otro de enfriado de 400 toneladas dentro de su planta en Rocha.
Con esta incorporación, la capacidad total de almacenaje pasará a 3.000 toneladas de congelado y 500 toneladas de enfriado de producto terminado. “La ampliación nos mejora la logística y el servicio. Nos permite completar contenedores con productos específicos y sostener la producción ante eventuales dificultades en los embarques”, explicó el director de la empresa, Fernando González.
Según detalló, la mayor capacidad de frío también permitirá ordenar mejor los envíos en momentos de alta demanda o ante demoras portuarias. “En la medida en que contamos con más espacio, no tenemos que frenar la producción. Podemos mantener el ritmo y luego intensificar los embarques”, señaló.
El proyecto comenzó en 2002, en plena crisis económica, ante la necesidad de contar con una planta de faena en Rocha. Hasta ese momento, la empresa debía operar en frigoríficos de otros departamentos. “Cada vez se volvía menos viable seguir faenando fuera del departamento. Eso nos llevó a encarar el proyecto de nuestra propia planta”, recordó González.
La actividad industrial comenzó el 2 de mayo de 2006 con capacidad para 80 animales por día y foco exclusivo en el mercado interno. Hoy la planta tiene capacidad para 500 animales diarios y está operando en un rango de entre 300 y 400 cabezas por jornada, de acuerdo con la oferta de hacienda.
Mientras que el giro exportador llegó en 2012. En ese momento la empresa no registraba ventas externas; actualmente el 75% de su producción se destina al exterior. “Pasamos de exportar cero a que hoy tres de cada cuatro kilos que producimos vayan a mercados internacionales”, comentó el director.
En 2017 se habilitaron destinos como Europa y Estados Unidos. Posteriormente, se incorporaron Israel, Japón y, en 2019, China. Hoy la firma cuenta con acceso a todos los mercados habilitados para Uruguay.
En un país donde la materia prima es limitada, la estrategia apunta a capturar mayor valor por cada animal procesado, en lugar de expandir únicamente el volumen. “La materia prima no es ilimitada. El camino no es crecer en cantidad, sino agregar valor a lo que ya estamos produciendo”, sostuvo.
Esto implica atender demandas específicas, desarrollar faenas rituales y preparar cortes con presentaciones definidas por cada cliente. “El futuro del negocio no pasa por el commodity puro, sino por el valor agregado”, afirmó.
La nueva infraestructura de frío será clave en ese esquema, especialmente en mercados como Israel, donde se manejan volúmenes importantes de carne kosher y se requiere almacenamiento hasta completar cargas con determinadas características.
Por otro lado, expresó que la planta opera con inspección permanente del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca, que supervisa la recepción de hacienda, el proceso de faena y la expedición. Además, cuenta con laboratorio propio y trabaja con laboratorios externos (oficiales y privados) para verificar parámetros de calidad e inocuidad. También dispone de certificaciones internacionales como BRC y protocolos de bienestar animal, exigidos por los principales destinos de exportación.