De perros a gatos para conquistar China (The Vinito Club y su forma de contar el vino apunta a duplicar sus suscriptores)

La empresa The Vinito Club cumple tres años y, entre los proyectos en desarrollo, aparece una iniciativa de un chatbot de inteligencia artificial que proporcione la información de cada vino a través de un modelo conversacional.

Llamarle "vinito" al vino fue una declaración de principios. Con una propuesta que busca acercar el mundo vitivinícola a nuevos consumidores a través de un modelo de suscripción que ofrece cajas con diversos vinos que van variando mensualmente, el emprendimiento uruguayo The Vinito Club ya trabaja con más de 50 bodegas, participó recientemente en una feria en Shanghái representando a Uruguay —donde adaptó sus icónicos perros por gatos por una cuestión cultural— y proyecta pasar de 400 a 800 suscriptores antes de fin de año.

La historia de la empresa, fundada por Mariano Mazzola y su esposa Evelyn Larrosa, nació hace tres años en medio de una pausa profesional y personal. Ambos dejaron atrás sus proyectos anteriores tras el nacimiento de sus hijas mellizas y se tomaron un tiempo para replantearse qué querían hacer.

"Nos encontramos con un replanteo muy grande de todo lo que esperamos, lo que queremos y el papel del trabajo. Llegó un momento que dijimos: está todo muy lindo, pero tenemos que hacer algo nuevo", recordó Mazzola en diálogo con InfoNegocios.

La inspiración apareció, como tantas buenas ideas, alrededor de una copa de vino. Con más de dos décadas vinculado al sector vitivinícola, Mazzola identificó una oportunidad: acercar el vino a quienes disfrutan tomarlo, pero se sienten lejos de los códigos tradicionales de la industria.

"Nos aleja del mundo del vino ese protocolo pesado del sommelier, la copa grande, todo muy distante. Dijimos: seamos nosotros ese amigo que te cuenta algunas cosas interesantes sobre el vino, pero sin protocolos, sin palabras difíciles", explicó.

La propuesta encontró rápidamente un diferencial. Mientras buena parte de la comunicación del sector gira en torno a procesos productivos, notas de cata o terminología técnica, The Vinito Club decidió enfocarse en las personas detrás de cada botella.

"Lo importante no es cuántos meses de roble tiene un vino. Nos interesa mucho más quién lo hizo, qué lo motivó a hacerlo, cuál es su historia", sostuvo. Es que los vinos no llegan solos, sino que a cada uno lo acompaña una tarjeta coleccionable con una ilustración en la parte trasera y algo de ese vino en la otra cara. Además, en cada caja llega un libro con la historia más detallada de la selección curada de bebidas, todas producidas o con algún vínculo con Uruguay.

Ese enfoque descontracturado también quedó plasmado en la identidad visual del emprendimiento, que desde el inicio incorporó ilustraciones de perros tomando vino, un recurso que en sus comienzos generó cierta resistencia dentro del sector.

"Cuando arrancamos aparecimos llamándole vinito, con perros tomando vino, y fue demasiado para algunas personas", recordó. Sin embargo, el tiempo terminó jugando a favor. Hoy la marca se transformó en una referencia dentro de un segmento que busca experiencias más descontracturadas y cercanas alrededor del vino.

Ese estilo incluso tuvo que adaptarse cuando la empresa participó recientemente en una feria internacional en Shanghái, China. Allí descubrieron que algunos códigos visuales funcionan de manera muy diferente según la cultura. Por esa razón, los icónicos perros de la marca tuvieron que dejar temporalmente su lugar a los gatos.

La presencia en China marcó uno de los hitos recientes para una empresa que, hasta hace poco, operaba desde una estructura completamente artesanal. La evolución fue significativa. Según explicó Mazzola, durante los primeros meses ellos mismos imprimían los materiales, armaban las cajas y desarrollaban la web.

"Arrancamos con una inversión mínima. El librito lo imprimíamos en casa, lo engrampábamos, lo cortábamos, las cajas las armábamos nosotros. La web la hicimos nosotros. Todo fue muy casero", contó.

Actualmente The Vinito Club ha trabajado con más de 50 bodegas y ha incorporado más de 100 etiquetas diferentes a sus selecciones mensuales. La mayoría de los vinos son uruguayos y pertenecen a proyectos pequeños o de producción limitada.

"Generalmente los vinos que sacamos no son fáciles de conseguir o directamente ya no están disponibles cuando llegan a los socios", señaló.

Hoy la compañía está haciendo una fuerte apuesta por posicionarse en redes sociales y proyecta cerrar 2026 con unos 800 suscriptores. "Nuestra expectativa es llegar a cerca de 800 para fin de año", adelantó.

Entre los proyectos en desarrollo aparece una iniciativa de un chatbot de inteligencia artificial que proporcione la información de cada vino a través de un modelo conversacional. "Tenemos tres años de contenido generado sobre vino y bodegas. Queremos que esté disponible a través de un agente donde la gente pueda preguntarle cosas y conversar", explicó.

Al mismo tiempo, la empresa está probando nuevas formas de presencia física mediante acuerdos con bares, cafeterías y espacios gastronómicos, llevando su selección de vinos a experiencias más allá de la suscripción mensual.

La visión de largo plazo, aunque sin planes rígidos, apunta a ampliar los puntos de contacto entre los consumidores y los vinos de pequeños productores. "Queremos que estos vinos distintos e innovadores tengan cada vez más oportunidades de consumo", resumió Mazzola.

Y aunque todavía son ideas en etapa temprana, ya aparecen sobre la mesa propuestas tan diversas como vinos en lata, vino tirado al estilo cerveza artesanal y hasta una futura sede social donde la comunidad del club pueda reunirse de forma presencial.

Por ahora, el foco está puesto en consolidar el crecimiento. Pero si algo demuestra la historia de The Vinito Club es que las mejores oportunidades suelen aparecer, justamente, cuando alguien se anima a desafiar los protocolos.

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