“Hoy, los barcos más sofisticados incorporan tratamientos no invasivos y tecnología de última generación orientada al rejuvenecimiento, la recuperación física, la longevidad y el bienestar integral”, explica Alejandra Martínez,Gerente Global & Luxury Travel Specialist de la agencia Jorge Martínez.
Según la especialista, el atractivo está también en que muchos de estos tratamientos requieren poco o ningún tiempo de recuperación, permitiendo al pasajero continuar con sus actividades y excursiones.
El negocio detrás de esta tendencia también empieza a tomar dimensión. En 2024, los viajes de bienestar representaron aproximadamente el 8,3% de los viajes turísticos, pero concentraron el 17,6% del gasto turístico mundial. Además, los viajeros internacionales de wellness gastaron en promedio un 38% más por viaje que el turista internacional promedio.
En los cruceros, los valores pueden ser significativos. Como referencia, Martínez estima que un tratamiento individual puede ubicarse entre US$ 200 y US$ 500, mientras que en un viaje de siete a diez noches un pasajero que combine masajes, tratamientos faciales y alguna experiencia especializada podría gastar entre US$ 400 y US$ 1.500. Los programas más avanzados pueden superar los US$ 1.500, aunque se trata de rangos orientativos y no de tarifas oficiales.
La tendencia alcanza a distintas compañías de lujo. Crystal, por ejemplo, incorpora en Aurōra Spa tratamientos con tecnología, medi-spa, terapias intravenosas y acupuntura; Regent Seven Seas Cruises integra bienestar, spa y fitness; Silversea apuesta por una propuesta centrada en la restauración y el descanso; y Explora Journeys suma equipamiento Technogym, Pilates Reformer, evaluación corporal y entrenamiento personalizado.
Para Adrián Pavese, agente general de ventas de Regent Seven Seas Cruises, el cambio responde a un pasajero que busca cada vez más “experiencias personalizadas, privacidad, tiempo de calidad y servicios que contribuyan a su bienestar integral”. En este segmento, el wellness dejó de ser un complemento y comienza a convertirse en parte del propio concepto de lujo.
En ese sentido, los especialistas destacaron que el pasajero ya no quiere volver de sus vacaciones necesitando recuperarse de ellas. Busca regresar descansado, con más energía y sintiéndose mejor que cuando partió. Así, el wellness comienza a ocupar un lugar cada vez más relevante dentro del turismo de lujo y abre una nueva oportunidad para los operadores de estética, salud y bienestar que puedan llevar sus servicios al mar.