¿Cómo comenzó tu trayectoria?
Mi pasión por la tecnología comenzó desde muy chico. De adolescente me la pasaba inventando, y llegué a construir cohetes caseros y hasta una cámara de rayos gamma. Estudié Ingeniería en Computación en la Facultad de Ingeniería de la Universidad de la República, en una época en la que Uruguay ya era pionero en ofrecer carreras de informática en la región. La Facultad había creado su primera carrera universitaria vinculada a la computación a fines de los años 60, cuando instaló una de las primeras computadoras del país, mucho antes de que el término "informática" se popularizara y de que otros países de la región tuvieran una oferta académica similar. Para sostenerme durante la carrera, trabajé en distintos empleos hasta llegar a un puesto administrativo en uno de los centros de cómputo más grandes del país. Ahí conocí a Breogán Gonda, que en ese momento era mi jefe, y con quien terminamos descubriendo un interés compartido por la tecnología que nos llevaría, en 1988, a fundar Artech, hoy conocida como GeneXus. Con Breogán desde el principio nos planteamos un objetivo ambicioso: crear una solución global desde el primer día, no una herramienta pensada solo para el mercado local. Un año después lanzamos GeneXus 1.0, la primera versión de una plataforma que usaba inteligencia artificial para crear y mantener software de forma automática, cuando nadie hablaba de IA y el concepto de Low-Code ni siquiera existía.
¿Cómo está hoy tu empresa?
GeneXus hoy tiene casi 40 años en el mercado, y desde 2022 forma parte de Globant. En todo este tiempo hemos evolucionado y reinventado ante cada gran cambio tecnológico. Un ejemplo de eso es Glob.AI OS, la plataforma que permite la creación de sistemas autónomos y controlables que aprenden, se adaptan y evolucionan dentro de las empresas; y GeneXus for Agents, la capa agéntica que permite que los agentes de IA comprendan y operen sobre las bases de conocimiento de GeneXus con contexto y control, y de forma segura. GeneXus es utilizado en más de 30 países, siendo Japón nuestro principal mercado.
¿Cómo evalúas el contexto económico y empresarial de este 2026?
Estamos viviendo un fenómeno enorme a nivel global. La llegada de la IA generativa está impactando a todas las industrias, no solamente la del software. A los matemáticos, por ejemplo, los modelos de OpenAI les empezaron a resolver de forma automática problemas en los que venían trabajando desde hacía años. Y ahí aparece la pregunta que se hace mucha gente: ¿qué hago con este momento único de la humanidad? ¿Qué hago en particular conmigo, con mi trabajo? Muchas personas están mirando a la inteligencia artificial como un monstruo del que hay que esconderse, y la verdad es que si no te agarra ese monstruo, te va a agarrar otro. El maestro Adizes me enseñó una frase que vengo repitiendo siempre: los problemas nunca se solucionan, se cambian por problemas nuevos. Y el corolario que le agrego es que las oportunidades están en resolver esos problemas nuevos. Entre los problemas nuevos está en que no hay confianza en el código que se genera: se puede generar software chico fácilmente, pero si se hace a gran escala no sabemos cuán confiable es lo que se está generando. El segundo es que no hay un modelo único: estamos acostumbrados a elegir un proveedor y quedarnos con él, pero en la práctica hace falta usar varios modelos a la vez, por confiabilidad y por razones económicas, y esa combinación cambia todo el tiempo. El tercero es la tokenomics: al revés de la revolución de internet, ahora todo se paga y se paga por tokens. Y el cuarto es la adopción lenta en las organizaciones. Pasó que la adopción por parte de los consumidores ha sido brutal: todo el mundo está usando IA. Pero, por otro lado, las empresas no han adoptado la inteligencia artificial para sus procesos y sus funciones al mismo ritmo que las personas, y eso está generando una tensión importante. Ahora bien, ese atraso también tiene un costado peligroso: muchas veces, cuando las empresas finalmente empiezan a adoptar IA, lo hacen de forma desordenada, sin gobernanza ni control, con cada equipo probando herramientas por su cuenta y sin una base de conocimiento común que valide lo que se está generando. Eso genera una falsa sensación de avance, porque se adopta IA pero sin la consistencia, trazabilidad ni seguridad, que una organización necesita. El desafío empresarial de hoy está en lograr la adopción de la IA con reglas claras, con procesos auditables y con control sobre lo que se produce.
¿Cuáles son las próximas novedades para este año?
Seguimos robusteciendo a GeneXus for Agents, y construyendo todos los puentes para que las empresas puedan desarrollar y mantener software de forma segura y sin escribir código. Es probable que en estos últimos seis meses hayamos generado o manipulado más código que en los cinco años anteriores, pero prácticamente sin escribir una línea directamente.
¿Nos podrías regalar un pequeño feedback sobre nuestro medio de comunicación?
Con InfoNegocios nos acompañamos desde sus inicios en Uruguay. Valoro mucho el rol que cumple InfoNegocios dentro del ecosistema empresarial del país: acercar información clara y relevante para la toma de decisiones es un aporte fundamental, sobre todo en una industria como la nuestra, que cambia todo el tiempo. Agradezco a Alfredo Guelfi y a todo el equipo de Infonegocios por invitarnos a participar en sus distintas ediciones como el libro Quién es Quién en Uruguay, las cenas anuales y las ediciones de El Empresario del Año. Les deseo que sigan creciendo y acompañando el desarrollo de las empresas uruguayas y de la región por muchos años más.