El nuevo lujo en oficinas y espacios compartidos es poder concentrarse (el rol que juega el sonido en el trabajo)

Cada vez más empresas comienzan a prestar atención al confort acústico y a soluciones como el sound masking para reducir distracciones y mejorar la experiencia en espacios compartidos, de acuerdo con información de SoniPro.

En oficinas abiertas, coworks, salas de reuniones y espacios híbridos hay un problema que muchas veces pasa desapercibido hasta que afecta la productividad: el ruido constante. Conversaciones cruzadas, videollamadas simultáneas, teléfonos, eco y reverberación forman parte de un escenario cada vez más habitual en ambientes de trabajo y estudio.

En ese contexto, conceptos como confort acústico y sound masking empiezan a ganar terreno en Uruguay como herramientas para mejorar la experiencia cotidiana en espacios compartidos.

“El sonido dejó de ser solamente un tema técnico. Hoy impacta directamente en la concentración, el cansancio mental y la calidad de las interacciones”, explica Víctor Barsamian, director de SoniPro, empresa uruguaya especializada en diseño e integración de sistemas de sonido.

El sound masking o enmascaramiento sonoro consiste en incorporar un sonido ambiente suave y controlado que reduce la percepción de conversaciones y ruidos cercanos. Aunque muchas personas nunca escucharon el término, probablemente ya convivieron con este tipo de tecnología en oficinas corporativas, hoteles, centros de salud o restaurantes.

A diferencia del aislamiento acústico tradicional, que busca bloquear físicamente el sonido, el sound masking trabaja sobre la percepción. Se reduce la inteligibilidad del habla, los ruidos siguen presentes pero el cerebro no los percibe con claridad. De esta forma se logra mayor privacidad en conversaciones y más concentración en el trabajo.

“Muchas empresas descubren el problema cuando incorporan espacios abiertos de trabajo o suceden reuniones virtuales en simultáneo. Ahí se vuelve evidente que escuchar conversaciones ajenas todo el tiempo genera fatiga y pérdida de foco”, señala Barsamian.

La tendencia se aceleró después de la pandemia, con el crecimiento del trabajo híbrido y la necesidad de adaptar oficinas para nuevas dinámicas de uso. En paralelo, aumentó la preocupación por el confort general de los espacios: iluminación, ergonomía, acústica y experiencia de uso empezaron a formar parte de la conversación.

En Uruguay, este tipo de soluciones todavía son relativamente nuevas fuera de grandes corporaciones o proyectos de arquitectura especializados, pero lentamente comienzan a expandirse hacia oficinas medianas, centros educativos, espacios de salud y comercios.

“El desafío es que muchas veces el problema no se resuelve simplemente subiendo volumen o agregando equipos. Lo importante es entender cómo se comporta el sonido dentro del espacio y diseñar soluciones pensadas para el uso real del lugar”, agrega.

Hoy, el sonido forma parte de la experiencia de las personas; ya no es solamente un tema de infraestructura técnica. Cuando en un espacio la conversación o la música suenan bien, muchas veces nadie lo nota. Pero cuando comunicarse se vuelve difícil o algo suena mal, todos lo sienten.

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