El Dr. Google: el tercero en discordia en la relación médico – paciente

(Por Dr. Carlos Vivas y Dr. Homero Bagnulo, docentes de ISALUD Uruguay)

Cuando un médico se encuentra hoy ante pacientes informados que manejan fluidamente la tecnología de la información, debe tener en consideración que muy posiblemente este ya haya consultado alguno de los diferentes portales vinculados a la atención sanitaria.

Muchos médicos, ante esta situación, se enfadan y no disponen de una estrategia adecuada para responder. Es hora que estos colegas reconozcan que muy posiblemente esta situación se presente cada vez con mayor frecuencia y que el médico devenga en una segunda opinión para ese paciente.

De acuerdo a una encuesta realizada en Gran Bretaña, casi la mitad de 2.000 pacientes adultos al llegar a la consulta habían visitado algúna página online. Es indudable que el paciente habrá desarrollado sus propias ideas sobre el padecimiento por el cual consulta, su pronóstico e incluso cómo quiere ser tratado. Esto demandará el desarrollo de nuevas habilidades, ya que es posible que la información que el paciente maneja sea errónea, o incompleta.

Una revisión realizada ya hace unos años mostró que el 52% de la información disponible en sitios web de fácil acceso vinculado al área sanitaria disponían de informaciones sesgadas o con errores. Más aún, las redes sociales son utilizadas frecuentemente como forma encubierta de propaganda de recomendaciones que buscan obtener beneficios económicos. 

Sin dudas esta es una nueva forma de interferencia en la relación médico-paciente, ya que este último puede llegar a la consulta con una agenda propia en cuanto a métodos diagnósticos y terapéuticos de los que ha leído resultados maravillosos. Un ejemplo muy claro de esto son los pacientes aquejados de lumbociática que nos llegan a la consulta solicitando que se les indique una tomografía computada de columna, cuando este examen habitualmente no debe realizarse ante el primer episodio de la afección (y solo si esta se reitera o el dolor permanece por un lapso prolongado, habitualmente más de tres meses).

En ocasiones, el médico sospecha certeramente que el paciente ya ha hecho una búsqueda por internet y se molesta ante los planteos del enfermo, lo que distorsiona la futura relación entre ambos. En necesario disponer de una estrategia frente a estas situaciones, mediante la cual médico y paciente reconozcan la aparición de un tercero en discordia que perturba la relación. Explicitar por parte del paciente que previo a la consulta ha realizado una búsqueda en internet y explicar con mayor detenimiento por parte del médico las fortalezas y debilidades de las opciones que el paciente plantea permite recomponer el relacionamiento. Más aún, el médico y las instituciones de salud deberían disponer de una lista de sitios recomendados vinculados al motivo de consulta para ofrecerla a los pacientes, si estos así lo solicitan.

Puede darse la situación que el paciente esté informado de alguna propuesta diagnóstica o terapéutica novedosa, tal vez tan reciente que el médico no esté advertido. Parece apropiado en estos casos reconocer que no se dispone de dicha información, solicitar la dirección del sitio web y revisarla, para no olvidar comentarla en un nuevo encuentro entre médico y paciente.

No está demás que los pacientes sepan que aun las mejores estrategias informáticas han demostrado mucha menor capacidad diagnóstica que la de médicos adecuadamente entrenados. Estos llegan a un diagnóstico correcto en el 72% de las veces comparado con solo el 34% de los algoritmos diagnósticos que se disponen online.

¿Se mantendrá esta situación a futuro con el mayor desarrollo de la inteligencia artificial? Watson, el robot desarrollado por IBM, podría identificar los mejores tratamientos, así como los ensayos clínicos para patologías oncológicas específicas.

Veremos qué nos depara el futuro, pero es indudable que la relación médico-paciente se ha modificado desde el advenimiento de internet y que, sin duda, seguirá cambiando. Deberemos estar dispuestos, tanto pacientes como médicos, a adaptar nuevas formas de relacionamiento, como por ejemplo, monitorear la respuesta a los tratamientos en pacientes con enfermedades crónicas por medio de programas informáticos.

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