La inteligencia artificial avanza a gran velocidad en el mundo corporativo, pero su incorporación todavía está lejos de traducirse automáticamente en resultados. Ese fue uno de los principales ejes abordados durante un encuentro realizado en el Hotel Hyatt Montevideo, organizado por Piano Piano, InspiraPro y Advice, donde se puso el foco tanto en la adopción de la tecnología como en las nuevas habilidades que deberán desarrollar las personas y las organizaciones.
Uno de los datos que surgió durante la jornada marca la dimensión del desafío: el acceso a herramientas de IA creció más de 50% en el último año, pero menos del 60% de los trabajadores las utiliza activamente. A esto se suma que 84% de las organizaciones todavía no rediseñó el trabajo alrededor de la IA, mientras que apenas 21% cuenta con modelos maduros de gobierno para agentes de inteligencia artificial.
En este contexto, la discusión pasó de la pregunta sobre qué herramienta utilizar a cómo incorporarla efectivamente al negocio. La recomendación planteada es comenzar por casos de uso concretos, de alto impacto y bajo riesgo, integrando la IA a los procesos existentes y conectándola con los datos reales de la organización.
Los datos aparecen como una pieza central de esta transformación. Para que puedan ser utilizados por equipos y modelos de IA deben ser accesibles, seguros, trazables, consumibles y confiables, un punto especialmente relevante para empresas que buscan escalar sus iniciativas y evitar soluciones aisladas que terminen fragmentando la operación.
Pero el cambio también alcanza a las personas. Durante la presentación “Ya no gana el que más sabe”, Santiago Illa planteó que, a medida que avanza la tecnología, el valor profesional se desplaza desde el conocimiento hacia la capacidad de pensar, decidir y utilizar la información. En ese nuevo escenario ganan relevancia habilidades como la adaptación, el criterio propio, la capacidad de formular buenas preguntas y la toma de decisiones en contextos de incertidumbre.
La IA, bajo esta mirada, funciona como un copiloto, pero la responsabilidad de definir el rumbo continúa estando en las personas. Saber cuándo confiar en la tecnología, cuándo cuestionarla y qué decisiones no delegarle también se convierte en una competencia estratégica.
El desafío empresarial, por tanto, no pasa simplemente por incorporar IA, sino por diseñar cómo se integra a la organización, establecer mecanismos de gobierno y medir su impacto en términos de ROI, productividad y adopción. La clave, según lo planteado durante el encuentro, es comenzar por problemas concretos y escalar a partir de resultados comprobables.