La historia de la Calculadora Celeste comenzó con una situación muy concreta. Un grupo de amigos se hizo la misma pregunta que millones de uruguayos después del partido ante España. ¿Qué necesitaba Uruguay para clasificar? La respuesta no era simple. Dependía de combinaciones de resultados entre varios equipos, goles a favor, goles en contra y diferencia de gol. No había una herramienta que lo mostrara de forma clara y rápida.
Esa misma noche decidieron construirla y en pocas horas ya tenían un primer prototipo funcional. La idea no fue esperar una versión final sino salir a probarla con el problema todavía caliente.
En diálogo con InfoNegocios, Juan Pedro Falco explicó que todo surgió de una necesidad inmediata. “Un lunes, un grupo de amigos uruguayos se hizo la misma pregunta que millones de compatriotas”, recordó sobre el disparador del proyecto.
Falco señaló que la clave estuvo en la velocidad de ejecución y en construir algo que resolviera un problema real. “Con tecnología, conocimiento técnico y, sobre todo, con urgencia real. Ellos mismos necesitaban esa calculadora. Y si ellos la necesitaban, probablemente el resto del país también”, explicó.
El crecimiento fue completamente orgánico. Sin pauta publicitaria ni estrategias de influencers, la herramienta empezó a circular por WhatsApp, redes sociales y medios de comunicación hasta convertirse en un fenómeno en cuestión de horas. “A las 4 horas de publicada, la app ya registraba 50.000 visitas”, destacaron desde el equipo.
Detrás del proyecto hay un equipo con perfiles complementarios. Juan Pedro Falco, licenciado en comunicación, Juan Diego Balbi, desarrollador especializado en Inteligencia Artificial (IA), y los contadores Agustín Castagnet y Juan Lussich.
En los primeros días, más de 5 empresas se contactaron con el equipo para explorar posibles acuerdos. Finalmente, el proyecto cerró acuerdo con Mercado Libre y SuperMatch, dos de las marcas de mayor presencia en el consumo masivo uruguayo.
Falco remarcó que el diferencial no estuvo en una gran estrategia sino en la ejecución. “No hubo campaña de pauta, ni estrategia de influencers, ni presupuesto de marketing”, señaló.
El caso forma parte de una tendencia más amplia donde las barreras para crear productos digitales son cada vez menores. La IA permite prototipar en horas lo que antes llevaba semanas, aunque el verdadero desafío sigue estando en la ejecución y en lograr que la gente use lo que se construye.
Según el equipo, el proyecto se apoyó en tres factores clave. Una idea con timing perfecto y fecha de vencimiento, una ejecución rápida sin esperar la perfección del producto y la resolución de un problema propio que terminó siendo compartido por muchos.
A eso se sumó el trabajo en tiempo real del equipo, donde cada integrante aportó desde su rol, desde desarrollo hasta difusión, pasando por testeo y generación de contenido. Esta dinámica permitió ajustar el producto mientras crecía y escalarlo sin planificación tradicional.
Los próximos pasos serán incorporar nuevas funcionalidades con la idea de transformar la herramienta en una experiencia más participativa para los usuarios y capitalizar la comunidad generada.