Luego de haber concretado la compra de HSBC Uruguay por US$ 175 millones, BTG Pactual empieza a mostrar con más claridad el tipo de negocios y sectores que podrían ganar protagonismo en su nueva etapa en Uruguay. El banco anunció en Brasil una operación por US$ 305 millones (R$ 1.500 millones) vinculada a recuperación productiva de áreas degradadas y financiamiento sostenible, un movimiento que en el mercado financiero regional ya empieza a leerse como una señal de hacia dónde podría apuntar parte de su estrategia ambiental y de inversiones en los países donde busca expandirse.
La operación fue estructurada junto a Bracell, una de las principales compañías globales de celulosa soluble, en el marco del programa Eco Invest Brasil. El financiamiento prevé recuperar unas 54.000 hectáreas de pasturas degradadas en Mato Grosso do Sul, dentro del bioma Cerrado, mediante la conversión de esas tierras en bosques productivos bajo manejo sostenible.
Más allá de la magnitud de la cifra, el anuncio deja entrever una línea de negocios que BTG viene fortaleciendo con fuerza: estructuración financiera vinculada a transición verde, restauración ambiental y proyectos ESG de gran escala. Y ahí Uruguay podría encontrar un espacio natural para futuros desarrollos.
El país tiene una industria forestal consolidada, fuerte presencia de inversiones internacionales en celulosa, desarrollo creciente de bonos sostenibles y una agenda ambiental que en los últimos años ganó peso tanto en el sector público como privado. En ese contexto, actores del mercado entienden que el desembarco de BTG mediante la adquisición de HSBC Uruguay no responde únicamente a ampliar operaciones bancarias tradicionales, sino también a posicionarse en negocios corporativos y financieros asociados a sostenibilidad e infraestructura verde.
El propio banco brasileño viene acelerando ese perfil. En la segunda subasta del programa Eco Invest Brasil, BTG captó US$ 427 millones (R$ 2.100 millones) en capital catalítico que, junto a inversión privada, totalizan US$ 997 millones (R$ 4.900 millones) destinados a recuperación productiva de áreas degradadas. Según informó la institución, el compromiso asumido implica viabilizar la restauración de 164.000 hectáreas en Brasil.
“Esta operación refuerza nuestra convicción de que el crecimiento del sector forestal puede —y debe— estar asociado a la recuperación de áreas degradadas”, afirmó Claudio Pitchon, VP Finance Banking de Bracell. La iniciativa incorpora además medición y reporte de impacto socioambiental, uno de los segmentos que más creció dentro del negocio financiero regional.
Desde BTG Pactual, el socio y head de Crédito, Rogério Stallone, sostuvo que el proyecto demuestra cómo instrumentos financieros diseñados específicamente para sostenibilidad pueden destrabar inversiones de gran escala que antes no avanzaban. La responsable de ESG del banco, Rafaella Dortas, agregó que el objetivo es aumentar productividad “sin expandir la deforestación”, combinando innovación y mejores prácticas de manejo.
Aunque el banco todavía no anunció iniciativas ambientales concretas para Uruguay, el movimiento en Brasil funciona como una referencia directa del tipo de estructuras que BTG está dispuesto a financiar y liderar en América Latina. Y en un país donde la forestación, las energías renovables y las finanzas sostenibles ya forman parte de la agenda empresarial, el mercado empieza a mirar de cerca cuáles serán los próximos pasos del gigante brasileño tras quedarse con HSBC Uruguay.