Después de años de insistencia, pruebas y contactos que no terminaban de cerrar, la empresa uruguaya La Hacienda logró lo que hasta hace poco parecía lejano: concretó su primera exportación. El destino fue Miami, Estados Unidos, y el envío —40 braseros personalizados— marca un punto de inflexión para un emprendimiento que nació en 2016 en un pequeño taller y que todavía hoy funciona como una estructura unipersonal.
“Esto es como el puntapié, el primer paso”, resume su fundador, Nicolás Rodríguez, sobre la operación. El hecho representa la validación de que el producto puede competir fuera de fronteras.
El camino hasta esa venta estuvo lejos de ser lineal. Rodríguez empezó solo, sin capital inicial y con una lógica de reinversión constante. “No tenía un mango”, dice sin rodeos. Durante años combinó trabajos de herrería tradicional con el desarrollo de una línea propia vinculada a la gastronomía, donde las planchas primero y, más tarde, los braseros, fueron tomando protagonismo.
Ese último producto —los braseros de hierro fundido, personalizables con frases y marcas— hoy explican entre el 70% y el 80% de los ingresos de la empresa. También fue la llave para salir a buscar mercados afuera, en un intento por romper con la estacionalidad del negocio local, que está asociada con festividades como la Navidad o el Día del Padre. “Uruguay es un mercado chico que tiene un techo”, explica.
La estrategia para exportar fue, en esencia, artesanal. Sin presupuesto para campañas internacionales, Rodríguez optó por un trabajo directo: identificar restaurantes en el exterior —sobre todo en Estados Unidos—, analizar su propuesta gastronómica y contactarlos uno a uno. “Debo haber escrito a unos 200 o 250”, calcula. El objetivo no era solo vender, sino mostrar cómo el producto podía integrarse en la experiencia del cliente.
El proceso incluyó el apoyo técnico de Uruguay XXI, participación en instancias de formación y hasta la creación de equipos de estudiantes que colaboraron en tareas comerciales, con el respaldo y la mentoría de Initium (UM). Aun así, la principal barrera fue siempre la misma: el precio final del producto puesto en destino. “El producto se vende, el problema es el costo cuando llega a manos del cliente”, señala.
La operación que finalmente se concretó surgió por otra vía. Un empresario argentino radicado en Miami encontró el producto online, se interesó por el diseño y la posibilidad de personalización, y avanzó. “Nos había pedido 20 en un principio, pero cuando vio el primero terminado nos encargó 40”, cuenta Rodríguez.
El cliente es el restaurante Kussifay Argentinian Pizza & Grill, y aunque los braseros todavía no están en uso —el local está en proceso de expansión—, la venta ya cumplió su objetivo principal: demostrar que La Hacienda puede exportar.
Más allá del ingreso puntual, el aprendizaje es parte central del movimiento. “Hay cosas que se hacen para ver qué pasa y qué se puede mejorar después”, dice el emprendedor, que ahora enfrenta el desafío de escalar sin perder control en un negocio que, por ahora, sigue dependiendo casi exclusivamente de su propio trabajo.
El próximo paso será convertir esta primera experiencia en un argumento comercial. “Esto nos va a servir para terminar de convencer a otros”, afirma.